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El Septimo de lInea

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La Prostitución en Bolivia
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Si entendemos que la pobreza es la raíz de la proliferación de laprostitución en Bolivia, es un poco ilogico que chilenas - Como dice Francisco Lopez- vayan a ejercer el oficio a Bolivia, ya que más rentable le seria ejercer el oficio en Chile, ya que tiene mejor economia y hay más dinero.


Francisco si realmente quieres tapar el sol con una mano, es tu problema, pero la verdad es esta que se encuentra en los medios de comunicación boliviana:


 


(La Paz - La Razón)
El 80 por ciento de las meretrices que trabaja en Cochabamba comenzaron a prostituirse antes de cumplir los 14 años.
Redes de proxenetas y de lenocinios clandestinos operan en esa ciudad.

El 80 por ciento de las prostitutas en Cochabamba comenzaron esa actividad cuando eran menores de edad, una gran parte a los 14 años. La mayoría es del resto del país. Ellas dicen que fueron seducidas con la promesa de que iban a trabajar y estudiar, según la directora de Defensa del Niño Internacional (DNI), Elizabeth Patiño. Aunque no existen datos oficiales, se calcula que en la capital valluna existen unas 3.300 trabajadoras sexuales, de las cuales sólo 300 acuden a un control médico cada mes.

En la actualidad, se estima que al menos el 20 por ciento de las que trabajan en lenocinios legales, clandestinos y en las calles es menor de los 17 años y no conoce casi nada sobre la sexualidad. Las trabajadoras sexuales deben tener una revisión médica en el centro cada semana, pero la mayoría elude esa responsabilidad y pone en riesgo su salud y la de sus clientes.

Los proxenetas, indica Patiño, que generalmente son los dueños de locales de prostitución, cometen también el delito de tráfico de menores porque, con una serie de ofrecimientos, trasladan a las niñas de Santa Cruz, Beni y Pando.

Estas menores están sometidas no sólo a la explotación sexual, sino también a la violencia física y psicológica de quienes administran su vida y cobran las ganancias y de los clientes.

María Eugenia Butrón, del Centro Médico dependiente del Servicio Departamental de Salud (SEDES), señala que las trabajadoras sexuales enferman generalmente de clamidya, triconomas, sífilis y hasta gonorrea y todos los días de su actividad, a pesar del cuidado que puedan tener, arriesgan su vida por la creciente presencia del sida en Cochabamba.

La mayor parte de las menores que caen en la prostitución no pueden salir casi nunca de esa actividad hasta mayores, porque son sometidas por los dueños de los lenocinios.

De acuerdo a los datos del Centro de Salud se calcula que en Cochabamba existen alrededor de 60 lenocinios, pero esa cifra puede duplicarse con los locales clandestinos. Incluso algunos que funcionan como chicherías están dedicados a la prostitución.

La explotación a las menores inclinadas al trabajo sexual es tan alarmante que no sólo son obligadas a ejercer ese oficio, sino también que ganan hasta menos del 50 por ciento de la venta de su cuerpo, el resto se queda con el proxeneta o administrador del local.

La mayoría de estas mujeres están desprotegidas, aunque en los últimos meses los “travestis”, prostitutas libres, es decir que trabajan en las calles y no en locales, y las menores se unieron para protegerse entre sí.
Estas últimas se encuentran en la avenida Aroma y en la Terminal de Buses donde ofrecen sus servicios hasta por 20 bolivianos. El peor problema para la mayoría de ellas es que la sociedad las incrimina y juzga y no pueden salir de su situación. Nadie les da trabajo y viven acomplejadas y frustradas porque además son personas de muy baja estima.

Las que tienen hijos generalmente los abandonan en las noches porque no saben dónde dejarlos y hasta en algunos casos los llevan a esperar en las puertas de alojamientos, mientras “hacen cuarto”. Cuando son un grupo de trabajadoras sexuales, dos se dedican al trabajo mientras la otra cuida de los niños. Ellas mismas se organizaron en turnos, con el propósito de no abandonar a sus hijos. Hace un tiempo, las Hermanas Adoratrices instalaron una guardería sólo para la atención de los hijos de las trabajadoras sexuales, pero por varios motivos tuvieron que suspender ese servicio.

La directora de Defensa del Niño Internacional dice que los proxenetas falsifican documentos y certificados para evitar las sanciones por su ilegal actividad.

Señala que muchas de las menores están sometidas a ese oficio por sobrevivencia y aceptan todo tipo de condiciones no sólo por propietarios de lenocinios, sino los denominados “cafichos” que las tienen dominadas. Redacción Cochabamba

Diana está tres años en el oficio y cuenta su odisea

MALTRATO • Ella vivía en Santa Cruz y fue llevada a Cochabamba con engaños y promesas.
Diana se prostituyó a los 14 años. Llegó de Santa Cruz a Cochabamba con la promesa de que iba a trabajar y estudiar, pero su primera experiencia fue desgarradora.
El propietario de la casa donde fue alojada la violó.

Una trabajadora sexual mayor la llevó a la capital valluna, que fue a “recolectar” del oriente boliviano a algunas menores de edad, porque las personas que se dedican a este negocio dicen que los clientes prefieren a las niñas y están dispuestos a pagar más por los servicios que ellas les prestan.

El propietario del lenocinio le enseñó cómo debe atender a los clientes, cuánto tiempo estar con ellos y de qué manera puede lograr que gasten su dinero con la compra de bebidas y cigarrillos.

Su primera cita como meretriz fue con un mayor de edad que se encontraba en estado de ebriedad. Ella cuenta que la sedujo el dinero, porque ofreció el triple del que pagaba a las otras. “Fue una experiencia atroz, que aprendí a soportar con los años que llevo metida en esto”, señala.

Al principio, Diana vivió con otro grupo de meretrices. Ellas, que casi todas eran menores de edad, dormían durante el día y despertaban entre las 16.00 y 17.00.
Su afán volvía a ser su preparación para otra jornada de trabajo que concluía después de las cinco de la madrugada.

En los tres años que trabaja como meretriz, Diana vio la llegada de otras muchachas menores de edad que siempre fueron “iniciadas”, es decir tener relaciones sexuales, por el dueño del local. Él también se encargaba de dar todas las recomendaciones de cómo tratar a los eventuales clientes.

Diana sostuvo que si todo el dinero que ganó hubiera sido para ella, con seguridad se habría puesto “un negocio sencillo que podía alejarla del mundo de la prostitución, donde todo es abuso, alcohol y dinero”. Diana sigue trabajando como meretriz y afirma que es muy difícil dejar esa actividad, no sólo por las presiones de los proxenetas, sino porque en ningún otro lugar podría ganar igual. Redacción Cochabamba

Los datos

La actividad • En Cochabamba se calcula que hay 3.300 trabajadoras sexuales. De ese total, alrededor del 20 por ciento no tiene más de 14 años. El restante 80 por ciento comenzó esa actividad siendo menores de edad.

La cantidad • Cada mes se presentan 300, de las 3.300 meretrices para su control médico, que debía ser cada semana.

El negocio • En la ciudad de Cochabamba están registrados 60 lenocinios legales. Sin embargo, la Alcaldía calcula que al menos una similar cantidad de esos locales, donde se consumen bebidas alcohólicas, funciona en forma clandestina.

El peligro • Las enfermedades sexuales más comunes que contraen las meretrices son la clamidya, triconomas, sífilis y gonorrea.


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Crece la prostitución, las jóvenes culpan a la crisis económica
 


(Santa Cruz - El Nuevo Día)
Solamente frente al Palacio de Justicia hay 70 mujeres. Antes cobraban hasta 35 dólares por hora, ahora salen hasta por 30 bolivianos.

Llueva o truene, no importa el clima, sentadas frente a la biblioteca municipal, o paradas a un costado del Palacio de Justicia sobre la avenida Viedma, ellas esperan pacientemente, largas horas a que aparezca un “pavo” (como llaman a sus clientes), para poder convencerlo con sus encantos, ofreciéndole las más variadas fantasías sexuales. Lo importante es ganarse unos pesos para poder subsistir.
El Nuevo Día encontró la noche del miércoles a Roxana, Patricia, Alejandra, Shakira, Laura (sobrenombres) y a muchas otras mujeres, ofreciendo sus servicios en calles y boliches, pese a las inclemencias del tiempo. Cada una tiene su propia historia, pero todas coinciden en que fundamentalmente fueron las condiciones económicas del país las que las indujeron a prostituirse, unas hace muchos años atrás, otras recientemente.

Las meretrices de la calle no sólo deben sobrellevar la crisis económica, también se ven obligadas a defenderse de algunos clientes abusivos que a veces las golpean, las llevan hacia algún motel y no les pagan, o simplemente las dejan en la habitación inclusive con la cuenta a pagar. A eso se suma, la competencia en el oficio que se incrementa.
“Ya no dejamos que sigan llegando porque somos las más antiguas y como ya estamos maduras, difícilmente podemos competir con mujeres más jóvenes que nosotras. Antes éramos 18 a 25 los fines de semana, hoy cualquier día pasamos de 70. Además si hay algún problema con la Policía por robo, o con alguna enfermedad, nosotras somos las que pagamos los platos rotos, perdemos la poca clientela que tenemos”, dice Roxana, una de las tres meretrices más antiguas de la Plazuela El Estudiante.

Las tarifas que antes regían por igual para todas, se han vuelto variables de acuerdo a “la oferta y la demanda”.
Hasta hace dos años el precio era de 35 dólares por hora, hoy las más “caras” cobran hasta 150 bolivianos .
En época de calor los precios suben un poco, llegan hasta 200 pero generalmente cobran 100 pesos. En la época de frío disminuyen los clientes y las tarifas bajan, hay muchas que salen hasta por 30 bolivianos, con tal de llevar el pan a sus hijos.

Pero no solamente ellas se ven afectadas por la crisis económica, también los locales donde las damas de compañía, son el gancho ideal para llamar la atención de los clientes. “Las Gatitas de Eros”, “El Pantanal”, “Play Boy” son algunos de los nuevos locales cuyos propietarios vieron una forma de ganar dinero.

Fernando, administrador de ‘Las Gatitas de Eros”, que ofrece “elegancia, buena atención, privacidad, lindas damas de compañía” y hasta un show privado, se queja de la situación. “El local se ha abierto en febrero, entonces teníamos buena concurrencia, ahora está totalmente vacío”, señala, mientras siete mujeres, cuyas edades oscilan entre los 25 a 30 años, permanecen sentadas en torno a una mesa. La administración del local cobra 130 bolivianos por cada “damita”, quien recibe sólo 30. “No sólo es la competencia, también la envidia. Hace una semana los dueños de los otros boliches, nos echaron sal en la puerta, para ahuyentarnos a los clientes. Contrariamente a lo que se proponían ese día se llenó, ojalá nos sigan botando sal”, comenta la hija de la dueña.



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